miércoles, 15 de septiembre de 2010

El más triste adiós

Oía el traqueteo de las ruedas del tren contra las vías. No se escuchaba nada más, la gente suele ir callada cuando viaja.
Su billete hizo que le tocara en esos asientos del vagón que van de cuatro en cuatro y te obligan a mirar a la persona que tienes en frente; pero tuvo suerte, en las primeras estaciones no subió nadie que tuviera ese número de asiento. La verdad es que es incómodo cruzarte la mirada con alguien que no conoces durante 5 horas.
Fin de la tranquilidad. Se sentó una chica de unos veintipocos años que tenía pinta de haber dormido muy poco esa noche, iba con el pelo recogido pero despeinado, sin maquillar, vestida de negro y varias bolsas, tenía ojos de haber llorado, se quitó los zapatos  e intentó buscar una pose cómoda para echar una cabezadita. Dara se quedó mirando los pies de la chica, llevaba un calcetín de cada color y no le importaba lo más mínimo ni su apariencia ni sus modales. Aún así sin duda Dara sabía que aquella joven sería una bellísima persona.

A Dara le encantaba quedarse mirando a la gente e intentar adivinar cómo era su vida y le jodía pensar que nunca llegaría a saber cómo era en realidad. Pero aquella chica que dormía en frente suyo no era solamente extraña, tenía “algo”. Quizás le habían dado una mala noticia recientemente, puede que se acabara de despedir de alguien querido en la estación o igual simplemente no había estado cómoda en la cama de su hotel. Dara sacó su móvil, le hizo una foto disimuladamente y lo volvió a guardar sin saber por qué había hecho eso.
En los asientos de la derecha se acababa de sentar una pareja, chico y chica, muy jóvenes también. No hubo tanta suerte, ¡que escandalosos!, pero a los pocos minutos dejó de oírseles. Dara dirigió su vista hacia ellos asombrada por el silencio: estaban abrazados y besándose dulcemente. Sonrió.
El tren entró en un túnel que parecía no tener fin  y se dio cuenta de que era hora de dejar de fijarse en los demás y empezar a pensar en el motivo de su viaje. Se miró reflejada en la ventana, le quedaban más de 3 horas para llegar, suspiró y encendió el mp3: "Mirando sin mirar, a través del cristal, recordando un pasado."
...

sábado, 11 de septiembre de 2010

Ayer

Y ahora lo único que quiero es una máquina del tiempo.
Recuperar mi pasado. Tú.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Quiero una bola de cristal

No quiero que sea mañana, ni pasado mañana, ni el viernes, ni el 26 de Septiembre, mucho menos Octubre. Quiero que sea verano del año que viene. Quiero que aún no sea verano del 2010, mejor aún, que todavía no sea ni 2010.

No quiero que sea ayer, quiero cambiar el pasado, que no llegue nunca el futuro y que no exista el presente. Tengo miedo de lo que fue, de lo que es y de lo que será. Paso noches sin dormir asustada por las decisiones que tomé y días sin vivir por el no saber. Tengo mil y una preguntas sin respuesta, dudas, incógnitas sin resolver, llámalo como quieras pero seguirán siendo síntomas de debilidad, precursores del fracaso, el prólogo de un libro que acaba mal y que no tiene segunda parte.

¿Qué hacer cuando no te apetece hacer nada? ¿Qué pensar cuando no puedes pensar en nada? ¿Qué sentir cuando no sientes nada?

Sólo sé una cosa: no quiero que sea hoy.
Ni ahora.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Bipolaridad



Soy una niñata, una malcriada, una mimada, una hija de papá. Todo lo que me propongo lo consigo. Lo quiero, lo tengo. Ya no… o sí.
Sin comerlo ni beberlo hago mejorar cualquier situación, siempre TODO me acaba saliendo como había planeado (o casi). ¿Me odias? Yo también.
Sé cómo encontrar positivismo en la más profunda decepción. ¡Ahí! ¡Ahí está! ¿Ves?
Cualquier solución me parece válida cuando el “…y comieron perdices” desaparece, cuando se esfuma sin más con un simple “NO”. Es entonces cuando busco alternativas sin ganas pero con ellas, con una lágrima y una sonrisa, con una constante antítesis sentimental.
Puede que el conformismo sea la clave de mi felicidad. Sí, está claro, la vida es una mierda, pero no puedo quejarme, si no tengo lo mejor me basta con lo menos malo.
No está tan y tan mal al fin y al cabo. ¿No? Sí. No me importa.
Extraña e inexplicablemente contenta. ¿Entiendes algo? Yo tampoco. ¿Bipolaridad?
=)    =(