Oía el traqueteo de las ruedas del tren contra las vías. No se escuchaba nada más, la gente suele ir callada cuando viaja.
Su billete hizo que le tocara en esos asientos del vagón que van de cuatro en cuatro y te obligan a mirar a la persona que tienes en frente; pero tuvo suerte, en las primeras estaciones no subió nadie que tuviera ese número de asiento. La verdad es que es incómodo cruzarte la mirada con alguien que no conoces durante 5 horas.
Fin de la tranquilidad. Se sentó una chica de unos veintipocos años que tenía pinta de haber dormido muy poco esa noche, iba con el pelo recogido pero despeinado, sin maquillar, vestida de negro y varias bolsas, tenía ojos de haber llorado, se quitó los zapatos e intentó buscar una pose cómoda para echar una cabezadita. Dara se quedó mirando los pies de la chica, llevaba un calcetín de cada color y no le importaba lo más mínimo ni su apariencia ni sus modales. Aún así sin duda Dara sabía que aquella joven sería una bellísima persona.
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A Dara le encantaba quedarse mirando a la gente e intentar adivinar cómo era su vida y le jodía pensar que nunca llegaría a saber cómo era en realidad. Pero aquella chica que dormía en frente suyo no era solamente extraña, tenía “algo”. Quizás le habían dado una mala noticia recientemente, puede que se acabara de despedir de alguien querido en la estación o igual simplemente no había estado cómoda en la cama de su hotel. Dara sacó su móvil, le hizo una foto disimuladamente y lo volvió a guardar sin saber por qué había hecho eso.
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A Dara le encantaba quedarse mirando a la gente e intentar adivinar cómo era su vida y le jodía pensar que nunca llegaría a saber cómo era en realidad. Pero aquella chica que dormía en frente suyo no era solamente extraña, tenía “algo”. Quizás le habían dado una mala noticia recientemente, puede que se acabara de despedir de alguien querido en la estación o igual simplemente no había estado cómoda en la cama de su hotel. Dara sacó su móvil, le hizo una foto disimuladamente y lo volvió a guardar sin saber por qué había hecho eso.
En los asientos de la derecha se acababa de sentar una pareja, chico y chica, muy jóvenes también. No hubo tanta suerte, ¡que escandalosos!, pero a los pocos minutos dejó de oírseles. Dara dirigió su vista hacia ellos asombrada por el silencio: estaban abrazados y besándose dulcemente. Sonrió.
El tren entró en un túnel que parecía no tener fin y se dio cuenta de que era hora de dejar de fijarse en los demás y empezar a pensar en el motivo de su viaje. Se miró reflejada en la ventana, le quedaban más de 3 horas para llegar, suspiró y encendió el mp3: "Mirando sin mirar, a través del cristal, recordando un pasado."♪
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4 comentarios:
Me identifico con Dara. Siempre me ha gustado observar en silencio a las persona e intentar percibir como se sienten o que piensan. Es curioso cuando más lo hacía era cuando estudiaba e iba en tren a la universidad.
¿Qué tendrán los trenes?
Yo tambien lo hago, pero intentarlo no significa que pienses como creo que lo harán, porque sigo siendo yo, la de siempre, intentado entrar en un traje de otra talla.
Sí, basado en echos reales ;)
Aun no te has ido y ya te echo de menos... =(
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