Egoísta de mí es en mis días malos cuando salgo a buscarte. Escribo llorándote, te pido que vengas a rescatarme de mis fracasos.
En los 180 centímetros de colchón me faltan tus abrazos cada noche, que me hagan sentir que me necesitas tanto como yo a ti – o puede que mi cama sea demasiado grande –.
¿Vas a tardar mucho en venir?
Qué pena que nunca hayas existido, aunque tampoco te he necesitado hasta ahora. Cambios.

1 comentario:
Yo tampoco se si existe, y no se si seguiré buscando.
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